Será (Coso 2)

Capitulo 2

 Desde donde estaba no se veía un carajo y en el fondo, por muy curioso que sea, supuso que si el no los veía, ellos no sabrían que estaba ahí, así que despacito y procurando no hacer ruido, se fue. Atravesando el bosque, entre árboles y arbustos, caminó, más o menos un kilómetro con la cabeza gacha y medio encorvado pensando que no lo verían, sin tener en cuenta en ningún momento la posibilidad de que era más fácil que no lo encuentren si no hacía ruido. Estuvo una hora alejándose, paró, con un dolor que empezó siendo de espalda, después en las rodillas, de ahí se extendió a las piernas y un toque después era general. Descansó un rato el cuerpo, la cabeza parecía que le iba a explotar, arrancó de nuevo. Salió al trote, en la cabeza tenía la seguridad de que si seguía emulando al Jorobado de Notre Dame se iba a quedar torcido para toda la vida, esa boludez le llegaba a la mente para tratar de suavizar, inconscientemente, lo que había escuchado, que estaba arruinándole el consciente. Demasiada psicología en la escuela. Se perdió, encontró el camino de nuevo, pero un camino que no iba al campamento. Cuando encontró el lago empezó a caminar para el lado que pensó, era el correcto. Un rato largo después, vio el fuego del otro lado del lago, pegó media vuelta y volvió por donde había venido.
En otra parte, en el mismo bosque, dos tipos están haciendo un pozo. Como único testigo dos ojos muertos apuntan hacia sus pies. El rubio esta laburando en un pozo que le llega a las rodillas. Para, mira al muerto y da dos paladas más. Vuelve a mirar al muerto.
- Che, ¿No lo das vuelta? Me pone nervioso que me mire así.
El pelado sale del pozo, va hasta donde está el muerto y con un gran esfuerzo lo da vuelta.
- Que maricón que sos, ahí voy. Puta madre, como pesa este hijo de puta. Para la próxima hacemos el pozo y lo matamos adentro. Eso o me das una mano.
- Me rompe las bolas esto ya.
- Ya lo di vuelta, ¿Ahora de qué te quejás?
- No, boludo, me rompe las pelotas tener que andar metiendo bala todo el tiempo. Encima después tenemos que hacer el pozo, meter al tipo y para colmo, taparlo.
- Ah, eso. Que se yo. ¿Qué vas a hacer? No podemos dejar kilos y kilos de testigos ¿No te parece?
- Si, obvio, pero me jode igual.
- A mi me jodés vos y no digo nada. Bueno, a veces no digo nada.
- Me divierto más así.
El más bajo de los dos miró el pozo, el tipo calzaba bárbaro.
- Gordo, a ver, ya está.
Le dio una mano, literalmente, el gordo salió, dejó la pala a un costado y ambos medían el cuerpo con la mirada. Calza perfecto. Pensaron los dos sin decirlo. Dijo el gordo.
- Gracias. Vamos.
- ¿De las patas?
- Dale, yo lo agarro de los brazos. ¿Lo tenés bien agarrado?
- Si, a la una, a las dos y…
- Adentro.
El rubio miraba al tipo que un rato atrás los guiaba a su propia muerte, medio cuerpo contra una de las paredes del pozo, la jeta medio enterrada por el golpe, se acercó al borde, analizando la caída.
- Cayó todo torcido. ¿Por qué siempre caen torcidos?
- Tenés que esperar a que diga tres, tarado, si lo soltás antes, obvio que va a caer todo torcido.
- No te preocupes, igual no le duele.
- Cuando tenés razón, tenés razón. No creo que se queje.
- Bueno, ¿A quién le toca?
- A mi, anda a ver si el agua está caliente y hacete unos mates.
El pelado agarró la pala que el gordo había dejado a un costado y a palazos, antes de empezar a tapar el pozo, acomodó el cuerpo, que quedó en una posición que, pensó, era una posición bastante decente. El gordo iba hacia el coche a buscar alguno de los tres termos que guardaban en diferentes partes del coche.
- ¿El termo del baúl lo usamos?
- Me parece que no, pero fijate que no se haya roto porque con el baile que le pegamos al coche para llegar hasta acá, en una de esas se hizo cajeta. Sacudilo si hace ruido a roto, es que está roto. ¿No?
- Muy profundo tu pensamiento y sobre todo lógico. Está diez puntos el termo, salen unos mates. ¿Dónde dejaste la yerba?
- Fijate que quedaba un poco en la bolsa que está en la guantera.
El gordo empezó el ritual del mate, mientras el pelado paleaba la tierra al agujero. Vació el mate en el pozo, para no dejar yerba por ahí. Con el agua del termo lavó el mate y, una vez limpio, lo llenó de yerba hasta la mitad, más o menos. Le metió agua, se lo tomó y en la jeta se le dibujó lo amargo del primer mate. El segundo interrumpió la paleada del pelado que se tomó de un saque el mate, la cara era la evidencia de la temperatura del agua.
- Nos vieron.
- No escuché nada pero me pareció por tu cara. ¿Lo viste?
- Si.

Una respuesta

  1. hace tiempo que no actualizas el blog, me parece que tenías post muy interesantes. Estare esperando para cuando te vuelvas a animar a escribir

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