Así comienzan los viajes…

97 de nuevo, dos horas de viaje. Morón, San Justo, Mercado Central, Mataderos, Constitución y todos los intermedios que no conozco.

Jodidamente jodido escribir en el bondi, ¿Lo sabían? pero más jodido es encontrar un momento para expresarse.

Acabo de ver, por la ventana, atravesando la plaza de Morón, a la que fue mi jefa de preceptoras durante mis últimos tres años de secundario. Mabel, vieja forra si las hubo y habrá, un as del grito (Extraño a mi preceptora, mamá Norma, ¿Qué habrá sido de ella?) Igual, a la vieja de mierda, parece que hasta los años la esquivan, está igual.

A mí, los años, más de diez desde que terminé quinto, casi me destruyen. Trabajé siete años, tuve un pico de stress, pasaron tres mundiales en el medio y muchas copas América. Un casamiento y un divorcio, una ahijada. Amores, telos de mala muerte y de los otros (esos que hasta te regalan caramelos, para endulzar los momentos después sexo salvaje, si no me di a la fuga inmediatamente después de la eyaculación , peines, ¿Para qué quiero un peine? y otros enseres para la limpieza personal que terminan en el baño de tu casa) Viajes para nunca volver y sus respectivas vueltas y todos los estudios que nunca terminé.

Siempre volviendo a empezar y eso es lo bueno, a pesar de todo, no parar.

Que todos los sueños se ahoguen y mueran que, tras el luto correspondiente, siempre pude volver a soñar con alguna eternidad.

Como eterna es mi vida dentro de si misma.

Como eterna es esta puta necesidad de escribir.

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